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miércoles, 2 de enero de 2013

PRÓLOGO 'DEMOLIENDO TELES: poesía de cuneta' (Primera Antología Poética)



“A nosotros se nos ha entregado una catástrofe para poetizarla”

(Palabras Urgentes. Manifiesto de Hora Zero)

     
            Hacer explícita la repugnancia que produce la Televisión desde el título mismo quizás no sea recomendable, quizás sea un riesgo innecesario, una ingenuidad romántica o  la valentía del infante en su primera gran aventura. Los intelectuales mirarían este gesto con esa cándida sonrisa de burócrata con que observan los fenómenos del “sujeto” los académicos especializados en “Estudios Culturales”; la dueña de casa se espantaría probablemente; los cabros de la esquina lo mirarían mientras se fuman su paragüita esperando que pase el día y luego pase la noche, y luego pase el día y venga la otra noche; el oficinista ni siquiera lo miraría, o quizás sí, ¿quién sabe? Quizás algún día esta misma gente, nuestras hermanas y hermanos, se aburran de pasear los domingos por el Mall y también se aburran de tener la tele prendida para disimular la falta de comunicación a la hora de once, tal vez algún día se aburran de buscar en los nuevos aparatos tecnológicos la afirmación de su <Yo>, que está al borde de un precipicio: pastillas y más pastillas, vacunas y disciplina, clavos y billetes, potos y tetas, tetas y tetas y más potos y carne en venta y más y más carne en venta. Quizás algún día nos aburramos de colgar, a como dé lugar. de la vida pequeñoburguesa (mucho más pequeña que la burguesía, claro está), ya sea con tarjetas de plástico o con el beneplácito de la indiferencia, ya sea al contado o en cómodas cuotas, en ropa de trabajo o quemándose a lo bonzo en la plaza pública. Ese día puede llegar, el ciudadano de a pie quizás ese día se canse de lo que sabe pero no asume, o mejor dicho, no quiere asumir: la cosa está mala para la gran mayoría. Pero ya no hay epifanía que valga la pena, sino sólo la que pone la voluntad en la Historia nuevamente. La voluntad es poner la mano en la mesa de la Historia y golpearla tan fuerte que sus pilares se vean removidos desde la médula misma. Si la creación no se dispara desde las entrañas y la vida no se hace la experiencia estética en sí misma, nada habrá servido.

          La poesía, en general, más allá de la lírica, puede volver a estar presente en las mesas, en la sobremesa y en el sueño de las grandes mayorías: subvertir la cotidianeidad, así como enseñara el gran Alonso Quijano, esa quizás sea la esperanza y la invitación que ponemos frente a los lectores al momento de invitarlos a navegar por estas páginas. Volver a encantarse y a encantar, saber que la vida puede ser mejor, que puede ser más digna y que la dignidad está también en la creación, en la búsqueda del diálogo desnudo con el otro, en el poema que nace arriba de la micro o en la bala que pueda destrozar los sesos del poder. La dignidad está en volver a creer y a crear.

           La poesía que presentamos a continuación busca recorrer esos intersticios de la vida social que quedan titilando ahí, en los espacios más íntimos e invisibilizados del día a día. Se presenta como una poética (sin que suene tan «parrianamente parrriano») “de la comunicación”, que no rinde culto a lo críptico en cuánto críptico, que ama a las Vanguardias pero no a sus hijos mal paridos, que no cree en Pequeños Dioses ni en comensales del Olimpo, pero que sí cree en la magia de la poesía, la magia de lo cotidiano reinventándose y negándose a cada instante. Volver a poner la poesía como ese espacio catárquico en que todo puede volver a temblar y ser distinto, en que la vida misma puede verse removida desde sus cimientos. Una poesía que no cae en el lugar común del Realismo mal aprendido, ni en el mesianismo medio ingenuo de corte romántico; una poética que sale a la calle y escribe desde la cuneta, no sobre ella, que conoce la plaza pública, ya que forma parte de su hábitat vital, pero que tampoco la enaltece de sobremanera, no peca de ese cinismo con que se mira al pueblo desde afuera como algo exótico y pintoresco: somos parte de ese Pueblo, de ese Pueblo que puede volver a amar la poesía y que quiera cambiar su vida. Una poética que tampoco lo denigra con la ignorancia propia del miope que no ha salido de su entorno inmediato, lo muestra, valga la perogrullada, tal cual como vive, y desde ahí lo mete a la licuadora poética, a la magia de crear desde sí y para sí, de ir y venir, escribir, soñar, escribir:

Co-consumen el olor a madera tostada / en los inviernos sin-permiso-policial. / El olor a paraguas ambulante fuera del metro: / Protectora de la infancia [ínfima] / de los infantiles soñadores / de jubilar su trabajo del jugar, / por el fabricar de los publicistas / pluri-cultura norte-ameraucana / para cholitos-centro-sur / con smarthphone garra-blanca.

          Tal como propone en su escritura El Canalla de Puente, desde la plaza (en este caso la Plaza de Puente Alto, en Santiago de Chile) levanta su repertorio y se deja sentir desde sus cuadras. Ese “ir más allá de lo cotidiano, pero desde lo cotidiano mismo” que dice Teillier.

            Pero así mismo, esta poética no se agota en la descripción y puesta en escena de la vida urbana en vivo, hay también un trastoque de los espacios más íntimos, ese tomar la vida desde la otra costilla y transmutar temas canónicos desde una nueva perspectiva.  (Re)tomar temáticas como el amor, la muerte, la angustia existencial, etc. desde nuevos rincones y ángulos, estrujar la tradición y jugar con ella, ir de frente a la vida y tomar cada uno de sus espacios como juegos interminables, rompecabezas eternos que nos convocan la infancia en cada lugar:

De forma distinta están aromados los viejos.  / Su sabor es dulce y fuerte como los higos / y otras frutas secas. / (Pequeñitos pájaros sin plumas: súbelos al nido)  / A ellos les gusta que las últimas canas les arranques  / y los hagas sonrojar  / —verse por medio segundo, lozanos— / dulces cascarones sobre las sábanas lisas / (haz memoria) : nunca les desprendas los calcetines  / (no hay que olvidarlo) y sobretodo  / cuando les hagas el amor, acarícialos / con dedo experto  / como si fuesen    taza de porcelana  / con evidente grieta, aunque aún de borde dorado.

            Adriana Tafoya plantea el tema amoroso, más allá de ser una temática architratada en la poesía a lo largo de la historia (occidental al menos), desde una posición bien particular: el amor y el erotismo que despierta y se renueva en la vejez. Reivindica ese espacio casi olvidado que es el amor y la sexualidad en los ancianos y, desde ahí, plantea un reclamo ante el olvido, ante el silencio mal entendido. Propone la vuelta de tuerca para abrir nuevos espacios, nuevas miradas y nuevos cuerpos presente en los textos, en la vida, en la poética, en el deseo. Los viejos pueden volver a amarse y a ser amados, ser objetos de deseo. Todo puede reinventarse, todo puede transformarse, todo lo sólido se desvanece en el aire diría Carlitos Marx y este poema lo plantea de manera magistral.

            En fin, las temáticas fluctúan y varían desde la vida en la plaza pública hasta el amor en la vejez, pasan por el entrecruce  de la historia de la poesía con los lugares citadinos que la rodean, como en Flor Piedrabuena o por la vida de la triste secretaria que debe cargar en sus hombros la montonera de prejuicios y cansancios que se dan en las oficinas de todo el continente: machos vacíos y carpetas llenas de nada, toqueteos infames y su propia coquetería al servicio de un bienestar intranquilo, una familia detrás muchas veces, niños que esperan su cuerpo para volver a reír,  tal como lo plantea de manera clínica Silvio Valderrama:

Se te tapa el sexo, secretaria, se te tapa la boca / el brillo de los ojos se te tapa / con ojeras, con arrugas,  / con lágrimas de rímel / con el sudor que mancha las axilas de tu blusa / que se queman entonces / de amarillas y se te vuelven  / a quebrar los tacos  / los tacos y los brazos de tanto andar.

             Un abanico temático amplio que se nuclea desde esa necesidad de volver a tocar todos los rincones de la subjetividad para subvertirlos y “ampliar las áreas de la consciencia”, como nos decía desnudo y extasiado el gran Allen Ginsberg junto a toda su pandilla beat recorriendo las carreteras yanquis. Las temáticas son tan múltiples al interior de esta Antología como lo es la nacionalidad de los poetas presentes: desde los rincones de este lindo país esquina con vista al mar que es Chile hasta la tierra fértil que es México, pasando por Perú, Ecuador, Honduras, más algunos residentes latinos en tierras norteamericanas, entre otros.  Hermanas y hermanos de todo el continente que presentan sus creaciones ante los ojos de todo este lado del planeta. Un nuevo boom latinoamericano, que son las Editoriales Cartoneras, al servicio de la lengua y geografía de esta tierra. Un gesto que busca pensar la cultura más allá de los Medios de Comunicación de Masas y los espacios undergrounds para eruditos y genios autodeclarados, un gesto y un espacio abiertos para salir de la apatía de las grandes mayorías y del reclamo snob y autorreferido de ciertos círculos “literarios”, para repensar la vida más allá de la Tele y del atuendo y para, finalmente, volver (si es que acaso alguna vez lo estuvo) a poner la poesía como un artículo de primera necesidad, no un lujo de castas ni menos como producto cultural al servicio de un Mercado que se devora hasta los mismos sueños de sus ciudadanos.

              La voluntad y práctica de fundir arte y vida, vida y arte, hacer del mundo un nuevo escenario transformando primeramente  el estado actual de cosas, incluido en ello la poesía. Esa es la esperanza y la rebeldía que presentan los versos y las imágenes antologados en este acuario poético que dejamos ante el lector. La apuesta ya está hecha: salir a dar la pelea y enfrentar el apagón cultural que aún heredamos desde la Dictadura, plantear con la frente en alto que podemos volver a soñar, que podemos crear y vivir la vida desde otro foco, que podemos ser valientes en lo cotidiano, no sólo en lo público, en lo privado con mayor urgencia, saber que  Poesía y  Revolución pueden ir de la mano, no una al servicio de la otra, sino unidas desde la matriz fundante de un nuevo pensamiento y una nueva forma de habitar el mundo, esa es nuestra jugada, en ella dejamos anclada nuestra fuerza y convicción. Sabemos que se nos ha entregado una catástrofe, sabemos que nada nos regalarán quienes ostentan el poder (ya sea económico, político, cultural, por sí solo o todos juntos), pero también sabemos que tenemos la belleza, la poesía, la imaginación y la fuerza a nuestro favor, y desde ahí nos ponemos a caminar. Desde ahí nacen las voces que hoy presentamos en esta Antología: DEMOLIENDO TELES.

LA VIEJA SAPA CARTONERA, Enero 2013

DEMOLIENDO TELES: poesía de cuneta (Primera Antología Poética)



















domingo, 7 de octubre de 2012

CANTO DESDE LO COTIDIANO (Prólogo de la La Vieja Sapa Cartonera para "Crónica del Forastero" de Jorge Teillier)




Somos los que viven
al otro lado del río o de la vía férrea…

(Crónica del forastero, Jorge Teillier)

La vida no era esa alienación del artista moderno separado de su origen y viviendo tras el espaldarazo de una posteridad oficial y alcanzable, sino algo que venía de más lejos y que había que rescatar desde el otro lado de la historia, el lado oscuro, obsceno, marginal, degradado, ajeno.
(Naín Nomez)

Bajarse del tren en la Estación Central para chocar directamente con la urbe, con todo el olor de esos bosques apocalípticos y genésicos, apolíneos y dionisíacos que solo saben dibujar los vientos del sur de Chile, en los bolsillos. Llegar a la Alameda con olor a vino en las muelas  y el terno viejo lleno de manchas púrpuras. Caminar por los Centros comerciales con todo ese  murmullo desolado que se deja sentir en  las  cantinas del Valle Central chileno, esa tierra prodigiosa que tantos y tantas poetas nos ha regalado. Toda esa dialéctica se configura de manera magistral en este poemario, obra híbrida de Teillier, donde el choque con la urbe se hace más palpable. Poemario de tránsito, su título ya lo dice: es la Crónica de aquel Forastero que deja físicamente la aldea, el Lar, para instalarse en los ruidos de la metrópoli, que se asienta de una manera particular,  no de cualquier manera, este habitante viene a instalarse en las orillas de la vorágine citadina, sujeto poético que narra desde las cloacas y observa sin ese afán romántico de eternidad y trascendencia la alienación de la que es testigo y actor, sujeto que a la vez se defiende construyendo un espacio propio en la memoria, asumiendo de antemano que esa memoria no le traerá de vuelta aquel paraíso perdido. Es importante tener claro esta apuesta, fundamental para entender la obra de Jorge Teillier al interior de la galaxia poética nacional.

Si bien este poemario es del año 1968, no se aleja de manera capital de toda la obra anterior de Teillier, se entronca –con diversos matices– en la poética que se hizo conocida ya en los años finales de la década del 50 con sus primeros libros, esa poesía lárica de la cual fue uno de sus mejores cultores. Esta poética es heredera, pero no la copia servil, de la marca que deja la poesía parriana en nuestro país; es, junto a Gonzalo Rojas y Enrique Lihn, una de las tres variantes más fértiles y originales que se hacen cargo de la desacralización de las vanguardias poéticas de los años 20’. Recoge, al igual que las otras dos, esa necesidad de religar el arte con la vida, esa necesidad de comunicación con el resto de los mortales y no el hermetismo del lenguaje vanguardista, ese sujeto en crisis y lleno de un escepticismo que no lo inmoviliza, pero que sí muchas veces sublima recurriendo a la ironía desesperada y al refugio en universos propios. La poesía de Jorge Teillier se enmarca en este contexto post-Parra pero de manera original.

Es una poesía que también recoge un lenguaje cotidiano pero que no se contenta solo con reírse de la tragedia cotidiana, no es solo ironía y un humor negro del cual Parra es un exponente notable, es una poesía que busca construir un espacio propio en la memoria, una poesía de muchachos que dejaron el mítico sur de Chile para sufrir los embates de la gran ciudad; son conscientes de ello pero buscan en la poesía esa posibilidad mágica de armar una balsa en medio del diluvio, un sentido dentro de lo absurdo, anclarse a un espacio propio en medio del turbulento tsunami que es la urbe. En palabras de Nomez es un “repliegue afectivo frente a un mundo adverso, repliegue que se resuelve en el refugio de un mundo aldeano integrado a la naturaleza que es solo una imagen desplegada en la memoria (…) Aquel paraíso perdido que ni siquiera la memoria es capaz de retener porque se convierte en pura imagen soñada.” (13) Vemos entonces un poemario que asume esa tensión y la narra desde una cotidianeidad que envuelve todos los objetos, todas las imágenes y todos los olores, una poética que no cae en el descriptivismo rural que se queda en la mera observación, Teillier penetra en los objetos desde su posibilidad mágica, esa posibilidad que lo consagra como víctimas de ser poesía y lo consigue: todo es poesía en Teillier, en este caso su viaje mítico, espacial y mental es cantado desde esa trinchera, la trinchera de una poesía que debe servir también para respirar.

Esta es la particularidad que pondrá el nombre de Teillier como referente inmediato de las próximas generaciones. Es simbólico ver cómo la poesía posterior, generación del 60’ y varios espacios universitarios mediante revistas (Arúspide, Trilce, etc.), tendrá como icono la poesía de este poeta solitario, que narraba sus historias de cantina en cantina y nunca espero nada. No fue un poeta funcionario, para tomar sus propias palabras, y vivió la poesía desde el día a día, desde la belleza y la oscuridad que tiene en sí mismo el pasar de los días. Un poeta que vio en la poesía la necesidad de respirar, de caminar con los suyos y brindar por lo que nadie brinda; un poeta que dejó su marca en toda la poesía posterior desde los gestos y gritos cotidianos.

«Un canto desde lo cotidiano». Así, con palabras sencillas, puede ser descrita esta obra del autodenominado “guardián del mito”, el verdadero “poeta de los lares”: Jorge Teillier. Un canto de amor repleto de imágenes nostálgicas de la memoria, el diálogo constante con un pasado mítico, idílico, que se intenta recuperar mediante la interiorización personal y el desborde sin límites de la imaginación poética. El recuerdo, la reminiscencia de espacios perdidos de la infancia, se configura, entonces, como uno de los motores fundamentales de este poemario y de gran parte de la obra teilliereana. En este poemario, en particular, el lector asiste a una mitificación del tiempo y del espacio cotidianos: una época, una juventud dorada que se pretende actualizar mediante el recuerdo, la trascendencia de lo cotidiano en la búsqueda de un ideal, una persecución irrefrenable, utópica, de una sociedad con memoria, la restitución de valores ya perdidos, y una caracterización individual de un Chile marginal.

No soñamos con ser médicos ni abogados, ni/ empleados de banco. Para otros está/ el pasear como tenientes con las buenas muchachas/ del pueblo (sin embargo, cuánto daríamos para que/ apareciera una mujer en el frío lecho de estudiante)./ Leemos a hurtadillas bajo el pupitre, o bajo las sucias/ ampolletas de las pensiones a Dostoievski, Hesse,/ Knut Hamsun… (Teillier, XIV)

Aquella nostalgia, aquel recuerdo inmediato de un momento particularizado de la existencia, aquella convicción idealista, aquellos sueños de antaño, aquel vivir apasionado con y por la literatura: todo confluye en la (re)creación de un vivir mundano que en la contemplación de imágenes espectrales trasciende lo cotidiano en pos de la constitución mítica de un tiempo añorado.

En términos espaciales, .la construcción poética del sur de Chile compone una escenografía mítica, dominada por lugares nostálgicos y por un profundo desarrollo de la contemplación rural. La vida provinciana como un “recuerdo inventado”, una ambigüedad entre lo real-mundano y lo trascendente-mítico, siempre en convivencia con el constante diálogo con los muertos, sombras espectrales de la memoria. Todos estos elementos confluyen en una mitificación cronotópica en Crónica del forastero, donde tiempo y espacio trascienden su aparente “cotidianeidad” alcanzando una dimensión mítica, sobrenatural, exótica y legendaria: “Los muertos quieren dirigirse a ti/ con los fríos peces de sus palabras./ Las alas de los tué-tué golpean ventanas./ Hay que ofrecerles pan y queso:/ ellos volverán a pedirlo/ transformados en hombre. (Teillier, IX).

Un poemario que gira entorno a uno de los tópicos más utilizados dentro de la historia de la literatura, pero que se actualiza de un modo a lo menos novedoso, configura un libro circular dominado por un constante deseo de retorno. El viaje como un tránsito, un eterno andar no sólo por los espacios físicos del territorio, sino también por los caminos más profundos de la memoria. Es en este viaje, en este eterno recorrido, donde afloran los recuerdos más íntimos del sujeto textual, el cual construye su propia identidad mediante un deseo imperante por volver al lugar de origen: “Ninguna ciudad es más grande que mis sueños./ Volveré al inviernos del sur…” (XI). Es en este tránsito –que va de la ruralidad del sur a la urbanidad de la capital– donde se genera el acto mágico y renovador de la socialización, el encuentro y el contacto personal con diversos “personajes cotidianos”, todos ellos seres marginales, pintorescos y vulgares: el pobre organillero, un militar jubilado, un campesino, el ciego de la guitarra, etc. La resolución aparente de este ansiado retorno conlleva un componente desolador, trágico: el influjo de la modernidad y la tecnologización de los pueblos. “Ahora,/ bosques quemados./ Tierra/ que muestran su desnuda y roja osamenta./ Faltan madera y trigo/ Sobran radios portátiles/ y hoy día tenemos televisión.” (XXII). A pesar de esto, un rayo esperanzador que da cuenta de la resistencia y el mantenimiento de la ruralidad ilumina el territorio de los pueblos: “Sin embargo,/ la tierra permanece.” (XXII).
Señala Roberto Arlt: “Comienzo por declarar que creo que para vagabundear se necesitan excepcionales condiciones de soñador”. Condiciones que en  el “soñador” Jorge Teillier saltan a la vista.

En suma, esta obra refleja el objetivo estético-artístico de la poesía de Jorge Teillier, una poesía que como él mismo señala busca “superar la avería de lo cotidiano” desde lo cotidiano mismo, en la persecución eterna del fin poético central: “transformar la poesía en experiencia vital”.

LA VIEJA SAPA CARTONERA
Octubre, 2012

jueves, 27 de septiembre de 2012

ENTREVISTA A LUIS FERNANDO CHUECA, AUTOR DE "CONTEMPLACIÓN DE LOS CUERPOS"



"En contextos en que los libros suelen ser muy costosos y que muchas de las publicaciones se deciden por intereses de mercado, las ediciones cartoneras ofrecen una vía alterna para el acceso a textos nuevos, reediciones, autores inhallables y nuevas expresiones no reconocidas o poco valoradas por el sistema literario. La trascendencia de esto es mayor si le sumamos el propósito -de varias de estas editoriales- de no limitarse a circular libros accesibles a casi todos los lectores, sino de contribuir a la generación de nuevos lectores a través de la difusión de sus ediciones en espacios en los que los libros no suelen circular (en los que a veces, creo, se han generado dinámicas interesantes de acercamiento a los textos, no solo a materiales para la elaboración y confección de los libros)". A continuación, presentamos la conversación que tuvimos como Editorial con el autor de nuestro primer poemario publicado: Luis Fernando Chueca. Poeta e investigador peruano que nos presenta su visión sobre la poesía en la actualidad, la trascendencia de la figura de César Vallejo, la importancia de las Editoriales Cartoneras, entre otros temas. Los invitamos a leer y a reflexionar sobre temas que para los amantes de la poesía deben ser siempre motivos de reflexión y diálogo. Quedan, pues, cordialmente invitados a viajar con nosotros en este caótico y hermoso mundo de las letras.

Luis Fernando Chueca (Lima, 1965): Estudió literatura en la Universidad Católica del Perú, donde también terminó estudios de Maestría.

Ha publicado los poemarios Rincones (anatomía del tormento) en 1991, Animales de la casa en 1996 y Ritos funerarios en 1998 y Contemplación de los cuerpos en el 2005.

En la actualidad, ejerce la docencia universitaria. Ensayos y artículos suyos sobre Jorge Eduardo Eielson, Washington Delgado, Luis Hernández, Vicente Huidobro, entre otros poetas peruanos e hispanoamericanos contemporáneos han aparecido en diversas revistas especializadas.

Poemas suyos han aparecido en diferentes antologías como La última cena. Poesía peruana, 20 años después, de José Antonio Mazzotti con la colaboración de Róger Santiváñez, Rafael Dávila-Franco y Paolo de Lima (en Brújula Compass 36. Latin American Writers Institute, primavera 2002), La letra en que nació la pena, muestra de poesía peruana 1970 - 2004, cuya selección estuvo a cargo de Maurizio Medo y Raúl Zurita (Santo Oficio editores, 2004), La mitad del cuerpo sonríe. Antología de la poesía peruana contemporánea, prólogo, selección y notas de Víctor Manuel Mendiola (Fondo de Cultura Económica, 2005).



                                                                                            ...

 1. El siglo XX ha sido el más movido  de la Historia, idea que han planteado muchos pensadores contemporáneos. En poesía, al menos en términos latinoamericanos, pasamos por el ocaso del Modernismo, las Vanguardias, vino la antipoesía, aparecieron nuevas generaciones y nuevos giros. Así como se ha ido transformando la creación poética, también se ha ido modificando el papel que juega la poesía misma y su rol en la sociedad.  Para ti ¿qué papel juega la poesía  en  la sociedad actual? ¿Ves alguna importancia vital en ella que deba rescatarse y recrearse?

R: Es claro y cada vez más evidente que la poesía alcanza en la actualidad a un sector muy reducido de lectores, y que los lectores (de literatura, en general, no de poesía específicamente) son muy pocos en sociedades en que lo letrado tiene menos importancia. En esa medida, las posibilidades de que la poesía cumpla una función concreta, definible, en la sociedad actual se ven cada vez limitadas. Sin embargo, produce otros efectos; en primer lugar, en el propio poeta, que en la escritura procesa (y esta le descubre, entonces) aspectos sobre sí mismo, sobre sus obsesiones y miedos, sobre sus deseos, sobre su relación con el lenguaje, con el entorno, con el mundo, sin que esto, obviamente, sea equivalente a datos puntuales o a respuestas unívocas. Todo lo contrario. Por otro lado, la poesía no deja de ser mundana, como dice E. Said; es decir, aunque no lo busque de ese modo el poeta, evidencia su estrecha relación con un contexto determinado, el de su producción, con las ideologías, concepciones de literatura, lenguajes, poéticas, y todo eso es posible también de percibir por el lector. Los textos entran entonces en un universo de discursos y contradiscursos, en el que implícitamente debaten, toman posiciones, participan, llaman la atención, invitan a replanteamientos, producen puntos de fuga, abren caminos de deseo, discuten lógicas. Todo ello no deja de ser muy importante.

2.      En relación a tu poemario Contemplación de los cuerpos es posible ver algunas influencias marcadas, está escrito casi en su totalidad con lo que se conoce como prosa poética. ¿qué puedes decirnos en torno a los referentes que marcaron este poemario?

R: Cercano al momento de escritura y revisión de Contemplación de los cuerpos estuve involucrado en una investigación sobre el poema en prosa y específicamente sobre el poema en prosa del Perú. Ese diálogo creación-investigación creo que fue fundamental en las características finales del libro. Otra investigación en la que estuve inmerso en esos momentos y que también tiene presencia en el poemario es la de los diálogos que la poesía en el Perú estableció con el tiempo de la violencia política peruana. Al respecto, debería decir que los trabajos de investigación que emprendo suelen tener una importancia vital y no solo académica para mí. Es decir, si trabajo sobre algo, es porque me interesa procesar cosas que me atañen de algún modo y esos nudos o preocupaciones aparecen en diversas facetas (y de modos diversos) en lo que escribo. Por otro lado, en algunos poemas del libro menciono algunos textos que creo que resultaron importantes en ciertos tonos, rasgos o preocupaciones del libro: Benn, Lihn (específicamente en Diario de muerte) y el último poemario que ha publicado Abelardo Sánchez León (El mundo en una gota de rocío). La poesía de Charles Simic fue una lectura constante también en esos momentos, sobre todo la de sus poemas en prosa, aunque no creo que se puedan reconocer demasiados puntos en contacto. Uno va filtrando muchas y muy distintas “fuentes”, varias incluso de manera inconsciente.

3.      El tema del poemario es uno de los más tratados en la historia de la poesía, en la historia del arte en general: la muerte.  Muchos críticos y creadores coinciden en que no solo importa el tema, o si este está architratado sino también la forma en cómo se trata, valor artístico que debe ponerse sobre la mesa. ¿Por qué elegiste la muerte como tópico de tu poemario? ¿Cuál crees que es la forma en que tratas la muerte en él y cuál es su relación con el temple del poemario en su totalidad?

R: La muerte ha sido una presencia constante en mi poesía desde el primer poemario que publiqué. No puedo decir que haya elegido el tema, sino que este va apareciendo en algunos textos (y en algunos casos en intuiciones y sensaciones previas a esos textos) y entonces reconozco su importancia y me embarco en ese camino. En el caso de Contemplación de los cuerpos es punto de partida lo encuentro en el procesamiento, en paralelo, de la muerte de un amigo muy querido, prácticamente  un hermano, y de las preguntas y revisión -como ciudadano y desde la reflexión sobre la literatura y la poesía- sobre la violencia que tiñó al Perú en las últimas décadas. No es fácil responder de qué forma lo he hecho, solo podría mencionar, como un rasgo entre otros de mi trabajo en este libro, que me interesaba indagar, desde la poesía, en cómo la poesía misma se pone en cuestión (como lenguaje, como discurso) al acercarse a situaciones y emociones límite como estas. Y uno de los aspectos que me interesaron fue preguntarme por las fronteras en que la poesía se enfrenta al riesgo de dejar de serlo.

4.      En relación a la poesía de tu país, todos sabemos la magnitud enorme que tiene César Vallejo para la poesía en términos universales. ¿Qué puedes decirle a las y los jóvenes que se acercan a la literatura en estos tiempos acerca de este notable poeta? ¿Cuál ha sido la influencia vallejiana en tu propia poesía?

Hablar de Vallejo sería inacabable. Su poesía es no solo una herencia que recibimos sino también una responsabilidad. El cuestionamiento permanente de la palabra, la búsqueda de un nuevo decir, la constante puesta en cuestión del lugar del poeta, su rechazo a todo espíritu acrítico de escuela, la impresionante conjunción entre búsqueda poética, responsabilidad política y perspectiva utópica. Todo eso es y seguirá siendo una llamada de atención para los poetas y para todos los que se acerquen a su poesía. No podría decir cuál ha sido la influencia vallejiana en mi poesía, pero sí puedo recordar que el primer acercamiento hondo (y definitorio en ese sentido) a la poesía fue a los llamados Poemas humanos y a España, aparta de mí este cáliz. Las huellas de esas lecturas no fueron solo imborrables, sino también fundamentales en mi decisión de dedicarme a la literatura y a la poesía en particular.

5.      Por último, ¿qué opinión tienes acerca de las Editoriales Cartoneras y su relación con el futuro de la literatura, tanto en su creación como en su lectura, para nuestros países?

R: En contextos en que los libros suelen ser muy costosos y que muchas de las publicaciones se deciden por intereses de mercado, las ediciones cartoneras ofrecen una vía alterna para el acceso a textos nuevos, reediciones, autores inhallables y nuevas expresiones no reconocidas o poco valoradas por el sistema literario. La trascendencia de esto es mayor si le sumamos el propósito -de varias de estas editoriales- de no limitarse a circular libros accesibles a casi todos los lectores, sino de contribuir a la generación de nuevos lectores a través de la difusión de sus ediciones en espacios en los que los libros no suelen circular (en los que a veces, creo, se han generado dinámicas interesantes de acercamiento a los textos, no solo a materiales para la elaboración y confección de los libros). Es obvio, por supuesto, que no todos los proyectos cartoneros son iguales y en esa medida no se puede generalizar, pero supongo que de lograrse la continuidad de lo que he señalado en el tiempo, cabe esperar cambios muy importantes en los espacios de creación y circulación de la literatura. 






martes, 31 de julio de 2012

BASES PARA CONCURSO LITERARIO: 1era ANTOLOGÍA POÉTICA 'LA VIEJA SAPA CARTONERA' 2012



1.- Desde el miércoles 1 de agosto del 2012 el concurso está abierto a todo aquel o aquella que desee participar. Esta es una convocatoria abierta y libre que se levanta bajo la convicción de llevar la creación literaria a todos los rincones posibles.

2.- Las obras presentadas deben ser inéditas y cada participante podrá presentar un máximo de dos poemas.

3.- Para participar cada interesado(a) deberá enviar sus obras al siguiente correo: laviejasapacartonera@gmail.com

4.- Las obras serán recibidas hasta el día  15 de Septiembre a las 24:00 hrs.

5.- No se aceptarán entregas a través de otra forma que la dispuesta en estas bases.  

6.- Los resultados del concurso se conocerán en una ceremonia de premiación, a la cual todos los participantes serán invitados con oportuna  anticipación, sin posibilidad de conocer el resultado previamente. También se conocerá vía correo electrónico, con la debida anticipación.

7.- Los trabajos no serán devueltos a su autor y éste deberá ceder sus derechos de publicación a la La Vieja Sapa Cartonera. Claramente esto es una mala broma ya que somos una Editorial que no se rige por estas figuras propias de un sistema que busca individualizar y privatizar todo, acá apostamos por la creación colectiva al servicio de todos: un poema no solo es de quien lo escribe, también de quien lo lee, incluso de aquel que solo lo ve pasar arriba de una nube o entremedio de los dedos del pie.

8.- La sola presentación de trabajos a este concurso implica la aceptación de las bases del concurso. 

   
Especificaciones varias:


1.- La temática es libre.

2.- La extensión no debe sobrepasar las cuatro carillas por cada poema, escrita a computador en formato carta (márgenes de 2,5 cm. superior e inferior y de 3 cm. a cada costado.) La letra debe ser Times New Roman, cuerpo 12 y espaciado normal. Las páginas deben ser numeradas. Todas las poesías deberán tener título y seudónimo.

3.- El premio será para 10 autores, los cuales serán publicados en una antología que constará de 120 ejemplares, reproducidos y distribuidos a lo largo de todo el país  por La Vieja Sapa Cartonera. Además los ganadores recibirán dos copias del libro de manera gratuita.

4.- El jurado seleccionará 4 menciones honrosas.